LA CUNA DE LA LUNA



Te aprisiono contra la cerca de la tierra en la que habito. Entrelazo mis dedos con los tuyos, allí contra los muros. Mis yemas te sienten intentando vencer barreras. Traspasando la piel. Pero te sujeto y te aprieto con fuerza. Y es fuerza que acaricia, lo sabés …
Puedo sentir como te erizas, como mis manos te inquietan, mis terminaciones nerviosas te electrocutan. Somos dos a sentirse… y ahora soy yo quien se eriza, y vos me empezás a sentir en la punta de tus dedos. Y nos gusta ver que la distancia se pierde, los brazos se acortan, los codos se quiebran, las mentes se encuentran. Tu mundo y el mío, comienzan a asemejarse.
Y entregarnos a este juego de sentidos agudizados que propone la oscuridad. Sentir solo sentir a ojos cerrados. Y adivinarnos en la respiración, en el ritmo jadeante del aire. Tu piel contra la mía. Una boca, que a mi oído, grita en silencio el fervor que la inspira. El aire que exhalas como susurros para mis hombros. Las palabras que escribo en tu espalda con mis dedos. El punto final que sella la frase que recorre tu espina dorsal.
Algo estallará pero aún se contiene. Vendrá la tormenta, la veo en el aire conmovido, en las pieles sedientas. Y lo disfrutamos porque sabemos que detrás está la calma. Y cuando todo pase, este abrazo cerrado se soltará, y se volverá libre...
Me miras, te miro. Reconozco la calma pasajera. Es ésta, la que habita en nuestros ojos, en este momento justo antes de que el universo haga explosión e implosión. Un segundo de paz, para decirnos con la mirada, lo que en un segundo será abrazado por el fuego.
La furia vendrá de nuevo..., oscilante entre el delirio y el placer. Me abrazas con fuerza y tu pecho se ahoga con el mío. Y nos aprisionamos, nos retorcemos, nos enredamos, temblamos y luego gritamos. Y sentimos el máximo que podemos sentir. Tan fuerte, tan dentro. Tan cerca, tan cerca nos tenemos…
Y ahora en paz querer dormir. Y movernos lento en la cuna de la luna. Suaves tus manos, dulce el cariño, tan cerca tu latir al mío.